Antes de que empieces a comparar modelos, conviene aclarar unas cuantas cosas sobre el método. No son normas de laboratorio ni un reglamento, pero sí marcan hasta dónde llega lo que publico y qué puedes esperar de cada análisis.
Nada de unidades prestadas
Todo lo que aparece aquí lo compro yo con mi dinero. No acepto cajas de marcas ni envíos a cambio de una opinión favorable. Si un producto me lo presta alguien, lo digo en el primer párrafo y lo devuelvo al terminar la prueba.
Mediciones caseras, no de laboratorio
Peso con báscula de cocina, temperatura con termómetro de infrarrojos, sonido con una grabadora sencilla. No son cifras certificadas, pero repito siempre el mismo procedimiento para que puedas comparar entre análisis sin que cambie la vara de medir.
La sección «lo que no me gustó» siempre está
Aparece en todos los textos, incluso cuando el producto sale bien parado. Ahí van los detalles que no me convencieron: acabados, ruido, atajos incómodos, piezas que se mueven. Si algo no encaja en el uso diario, se cuenta tal cual.
Fotos sin retoques
Las imágenes se hacen sobre una mesa de madera, con luz natural y sin edición más allá de recortar. Lo que ves es lo que llegó a casa, con sus marcas, sus arañazos y sus cables tal como venían en la caja.
Actualizaciones cuando algo falla
Si un fallo aparece tras meses de uso, vuelvo a la reseña y añado una nota al final con la fecha. No reescribo el análisis original para que quede bonito: dejo lo que dije entonces y lo que pasó después.
Por dónde empezar a leer
Si tienes prisa, mira primero la sección de fallos y después las alternativas más baratas que cumplen. Con esas dos partes ya sabrás si el producto encaja contigo o si merece la pena seguir leyendo el resto.