Un proyecto editorial de una sola persona: compro, uso y desmonto cada aparato antes de escribir una línea. Sin redacción externa, sin marcas al mando.
Escribo en primera persona y firmo cada análisis. No hay equipo editorial ni oficina con nombre bonito: hay una mesa de madera, un destornillador pequeño y una libreta donde apunto lo que se rompe, lo que aguanta y lo que me arrepiento de haber comprado. Cuando un producto falla a los tres meses, lo cuento igual que cuando sale bien.
La independencia no es un eslogan aquí. Compro cada unidad con mi dinero, no acepto envíos de prensa ni cobro por publicar una reseña. Eso significa menos análisis al mes y más tiempo con cada aparato en las manos, pero también que la opinión que lees no depende de nadie que la pague.
El tono es el de una conversación de sobremesa: directo, sin adornos y con la sección «lo que no me gustó» siempre presente, incluso cuando el producto termina mereciendo la pena. Si algo tiene un defecto tonto, lo digo con el mismo detalle con el que explico lo que funciona.
No hubo una hoja de ruta. Hubo compras malas, devoluciones y la manía de abrir las cosas antes de juzgarlas. Estos son los tramos que marcaron el rumbo del proyecto.
Empecé anotando en un cuaderno cuánto duraban las almohadillas de unos auriculares baratos y a qué semana aparecía el primer crujido en el cable. No era un blog todavía, solo una costumbre para no repetir la misma compra equivocada dos veces.
Recibí dos muestras de marcas y las devolví. Escribir sobre algo que no he pagado me obliga a medir las palabras de otra manera. Desde entonces compro cada producto con mi dinero, aunque eso signifique publicar menos análisis al mes.
Añadí un apartado fijo al final de cada reseña, incluso cuando el producto salía bien parado. Al principio era incómodo señalar fallos de algo que iba a recomendar. Con el tiempo se convirtió en la parte que más me escriben los lectores.
Cambié las imágenes de catálogo por fotos tomadas en mi mesa de madera, con la luz que hay ese día. Se ven las marcas de uso, el polvo en las rejillas y las esquinas gastadas. Es menos bonito y bastante más útil.
Estas son fotos de mi propia mesa, sin fondo de estudio ni luz montada. Cada reseña empieza así: el producto tal como llegó, sobre la madera, con las marcas de uso que ya tenía cuando lo abrí.
Auriculares
Almohadillas, cable y aislamiento real. Uno falló en el auricular derecho a las diez semanas.
Teclados
Las keycaps de ABS brillaron a los ocho meses. Las flechas compartidas rompen el ritmo al escribir.
Cámaras de acción
La batería cayó al activar la estabilización y el soporte adhesivo se despegó en la tercera salida.
Las fotos son mías y no las retoco más allá de recortar. Si algo se ve sucio o rayado, es porque lo está.