Aquí no hay patrocinios disfrazados ni listas copiadas de otros sitios. Estas notas explican cómo se hacen las reseñas y qué límites tienen, para que nadie se lleve una sorpresa.
Los productos los compro yo
Salvo que se indique lo contrario en el propio texto, cada aparato que aparece aquí lo he pagado con mi dinero. No devuelvo el producto después de probarlo para quedarme con la opinión favorable: si algo falla, se queda en el taller y lo cuento.
Uso doméstico, no laboratorio
Las mediciones son caseras: cinta métrica, báscula de cocina, cronómetro y un sonómetro de aplicación móvil. Sirven para comparar entre modelos en las mismas condiciones, no para dar cifras oficiales. Cuando un dato no es fiable, lo digo.
Durabilidad y fallos comunes
Cuando hablo de desgaste, me refiero a meses de uso continuado en mi casa o en el garaje. Un teclado puede aguantar dos años en una oficina y fallar en seis meses si escribes ocho horas al día. El contexto importa, y lo indico siempre.
Lo que no me gustó, sin adornos
Cada análisis incluye una sección con los defectos que encontré, aunque el producto salga bien parado en general. No es una lista de quejas por rellenar: son cosas que me habrían hecho dudar antes de comprar, y prefiero que las sepas.
Fotos propias, sin retoques
Las imágenes que acompañan cada reseña las hago yo sobre la mesa de madera del taller. No hay fotos de catálogo ni renders. Si un producto llega con un arañazo o una junta mal puesta, se ve en la foto.
Opiniones, no verdades absolutas
Lo que a mí me resulta incómodo puede no serlo para otra persona. Estas reseñas son mi experiencia concreta con un aparato concreto, no un veredicto universal. Si tu caso es distinto, escríbeme y lo comentamos.